"I think it's time to blow this scene get everybody and the stuff together.
Ok, 3, 2, 1, let's jam."


miércoles, 18 de abril de 2012

Family portrait

No hay nada mejor, cielo,
que tener el poder en tus manos:
ser dueño de algo,
atar a tu alrededor
la cuerda invisible del engaño.

Te contaré, sin vergüenza alguna
cómo podría romper una familia entera
cómo, sin tener que chasquear los dedos,
la magia de una simple palabra,
dejaría una habitación a oscuras.

Este juego, verás, es un poco peculiar,
nadie ha impuesto las reglas,
tampoco va por turnos,
ni siquiera existe 'el método'
pero, en mi familia, todos sabemos cómo jugar.

Me explico, amor, por si aún quedan dudas:
todos deben poseer algo que los demás ansían.
Algo, que si se viera a la luz del día,
partiría más que un simple corazón.

No pueden haber amigos ni cómplices,
porque, tesoro, la más mínima ventaja,
hará de tu vida tu peor pesadilla.

Así que escoge a quien quieres proteger,
dale un beso en la frente y despídete
ámalo con desazón, desde lejos,
y reza por ganar y volverlo a ver.

jueves, 12 de abril de 2012

Chao a la puta bohemia

[AVISO: No leer esta entrada, sin escuchar: http://www.youtube.com/watch?v=dYrLM9fe3XE&feature=fvst]

Por si te acuerdas de mí
te he apuntado en una barra de hielo
mi dirección y mis mejores deseos:
Que te follen. 

¡Por dios: Que te follen!

Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen.  Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. Que te follen. 

Y por encima de todo: elegancia y sutileza.

miércoles, 11 de abril de 2012

Redrum

Fue como el perfecto "Despierta, imbécil"


Sí, me explico. Es como cuando caes al suelo después de un largo tiempo: humillante, doloroso y desconcertante. O tal vez se parece más a la risa estruendosa de aquél que te mira desde arriba.

Pero ese no es el caso. El caso es que has caído y todos han visto como lo hacías.

Y todos te miran de esa manera que hace que tus mejillas se sonrojen, que tus ojos se pongan brillantes y te muerdas los labios hasta que sangren; mientras no paras de repetirte lo estúpida que eres. Entonces una bola de vergüenza y resentimiento llena tu boca, que sabe amargo y salado.

El dolor (provocado por la herida) pasa a un segundo plano, ahora intentas patéticamente que las lagrimas no resbalen por tus mejillas. Tratas de recuperar tu orgullo inútilmente.

La cosa se complica cuando las antes desapercibidas heridas físicas empieza a sangrar, mostrando una vez más tus debilidades. Tú luchas, pero las sonrisas bajo la nariz de los que te rodean parecen escocer más que la sal.

Supongo que así es como llegas al momento en que los roles cambian: la rabia llega a puntos fuera de tu comprensión, y la risa histérica que habías guardado resuena en el aire, haciéndose eco, acallando las demás. Te martirizas, te ríes cruelmente de ti hasta tal extremo que te suele es estómago y tu cerebro pugna por no vomitar. Así que levantas la cabeza, y en esos segundo borrosos, con inimaginable facilidad, rompes el espejo.

De repente, el silencio reina, notas tu pulso estallar en tu cabeza y tu respiración agitada acompasarse. Cierras los ojos, con más calma.

Te giras aliviada hacia su lado, y lo ves sonreír con esa "casi alegría" tan suya, que siempre pintan sus comisuras. Y ya sabes lo que hará: chasqueará la lengua fingiendo estar molesto por la interrupción de su cómodo sueño, se acercará un poco más a ti intentando que no se note, para que pienses que eres tú la que buscará el abrazo. Te susurrará que duermas, seguramente acompañado de algún insulto afectuoso.

Pero no está. Él no está. Una nota aguarda impaciente entre las sabanas y la abres, desolada. El rezo es simple a la par que desdeñoso:

Hartáronme





"Para que todos sepan:
lo que siembran, cosechan.

Darás lo que has quitado,
al recibir lo dado."


domingo, 1 de abril de 2012

21:12

No he vist mort més trista,
que la de l'esperança d'aquell cavaller tant fort.

Mai vaig creure possible
que aquella platja tant a la vora,
pogués fer-se amiga d'aquella lluita
que més d'un tros de mi s'ha endut.

I al final, ara que les hores se'm escapen,
vaig trobar la veu per a dir
allò que un dia vaig creure mort:

"Amics meus, no feu pas de la meva mort un desconsol,
quedeu-se amb el meu record més fort,
penseu de tant en tant en mi,
amb la noia que va existir un dia.

Recordeu aquella noia,
que no plorava i sempre reia.
Recordeu la noia que us va estimar,
més encara que a ella mateixa."

jueves, 22 de marzo de 2012

Lullaby for Cain

El nudo en la garganta me impedía respirar. La cuerda atada a mi muñeca quemaba mientras intentaba desesperadamente sujetarme a algo para no ceder.

Tú estudiabas mi estado desde el otro lado de la cuerda, tirando lánguida y perezosamente, sin esfuerzo. Por las noches parabas: dejabas la cuerda en el suelo y te acercabas hasta mi, dejando que llorara hasta quedar dormida en tu regazo, mientras tú susurrabas algo parecido a "No llores, amor. Duerme."

Así que tirabas, tirabas...tirabas, hasta que dejé de ser. Sentí como algo de mi se iba, rompía los lazos y  volaba lejos de mi, siguiendo la cuerda hasta encontrarte. La otra parte quedaba, reposando en el suelo de alquitrán. Y gritaba y arañaba y gritaba tu nombre una y mil veces.

"¡No soy yo, a quien te llevas! ¡¿No lo ves?!"

De repente, el mundo perdió su consistencia y me desvanecí entre la negrura.

Al despertar, a lo lejos, vuestras -¿nuestras?- figuras se alejaban. Y yo -¿yo?- permanecía allí, acurrucada contra un césped rígido.

Pero el tiempo pasaba , y sólo mi alrededor tomaba forma. No había más que abismos, cielos color naranja y desolación. La carretera no era más que una pasarela tendida por encima de esos abismos: parecía una autopista cualquiera, pero era una pasarela.

Lo demás, los descampados, las montañas a lo lejos, eran abismos. Y me abandoné a ellos.



martes, 20 de marzo de 2012

Magnolias

La vida no era justa. Escupiste en el suelo, harto de pensar. No, la vida era cualquier cosa menos justa.

La calles se hacían más borrosas, la urbe temblaba con tu ira: las paredes mojadas de algo que parecía lluvia, las luces parpadeantes a lo lejos. Todo parecía gritar dentro de tu cabeza.

Dejaste atrás los bares de mala muerte tan cerca de casa, esos bares que se habían convertido en algo más que un simple pasatiempo. Y el diablo crecía.

Crecía tanto que parecía no haber vuelta atrás, tragaba lo bueno que quedaba de ti, dejando vacíos insondables y ardientes.

La puerta de madera que separaba la fría noche de mi hogar te pareció más liviana que nunca, así que ni siquiera parpadeaste cuando se estrelló contra la pared.

Ella te miró, entre cansada y desesperada y no pudiste aplacar el odio que sentías al verla. Te acercaste en un suspiro y la cogiste del pelo.

No gritó, como siempre, ni luchó: se dejó hacer. Y el diablo mordía fuerte en tus entrañas, insatisfecho. Quizá ya era demasiado tarde, ella también te había dejado solo.

La soltaste de golpe, viendo como inmóvil en el suelo, alcanzaba a sonreírte. Las náuseas bloquearon tus pensamientos y corriste al último lugar que podía devolverte la cordura.

La habitación, ya de por si pequeña, te pareció asfixiante a los pocos segundos. Arropaste a tu hija entre tus brazos, y te dejaste resbalar contra la pared.

La niña lloraba mientras tú la apretabas contra tu pecho. Sus alaridos casi parecían calmar ese dolor venenoso. Pero ella calló también.

Así que cuando cuando lo notaste, algo por fin murió dentro de tu mente: lo que te unía a esta realidad, la única luz que sobrevivía entre tanta oscuridad se extinguió.

Y volviste a ser un niño de nueve años cobijado por monstruos.


"Los hombres rara vez tienen el valor suficiente para ser o extremadamente buenos o extremadamente malos."

Niccolò Machiavelli-


jueves, 15 de marzo de 2012

1962

Cuando todo empezó a dar vueltas, supe que era el fin. No había marcha atrás, lo que quedaba de mí resbalaba por mi garganta, anulándome. Me convertí en algo que no era, condenada a verme a mi misma a través de un cristal, observándome actuar mecánicamente, a la perfección.

Los días eran una pesadilla, seguía viviendo esa realidad atroz a mi alrededor, desatándome de la vida, de mi mundo, dejando que pasara el tiempo sin inmutarme. La verdad se confundía con mis sueños mientras la luz se convertía en un triste reflejo.

La vorágine de sombras me aturdía, el terror se volvió la única manera de evadirme. La soledad me parecía eterna cuando notaba cómo ella sonreía.

Pero llegaste y el aire que trajiste contigo calmó esas voces. Invadiendo mi esencia, fundiéndote entre las dos mitades de un todo. Enamorándote de ella y no de mi. Recordando su voz, pero desconociendo la mía.

Así que cuando viste el pánico que tenía a la oscuridad, cómo dormía acurrucada contra la pared o cómo se aceleraba mi pulso en ese pequeño ascensor, tus esquemas se rompieron y lo que nos unía con ellos.

La máscara cayó y no encontraste nada por lo que mereciera la pena luchar.

Lamento no poder ser ella. Lamento que la mentira sea lo mejor de mi verdad.