"I think it's time to blow this scene get everybody and the stuff together.
Ok, 3, 2, 1, let's jam."


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martes, 25 de septiembre de 2012

Elección

Lo recordaba, perfectamente, cada mísero detalle quedó marcado a fuego en mi mente de forma inconsciente. Esa conversación banal, riéndonos de la estúpida broma.

Quién nos iba a decir que fuera a ocurrir.

Y tú decías "Los mataré, ¡lo juro! Dame ocho años" Y yo amo el número ocho.

Y continuabas: "¿A quién salvarías?" Y consternada no sabía qué decir, no sabía qué arriesgaba. Suerte que aún estaba cuerda en ese entonces. Así que me guarde ese privilegio y tú no te negaste.

"Me salvaré a mí", pensé, "nadie me asegura que no vaya a matarme" Y, joder, en lo cierto estaba. Al instante me confesaste que no salvarías a nadie. Y pensé en ti. Te imaginé muriendo, cumpliendo firmemente tu palabra, por lo tanto, como era obvio, pensé en concederte mi privilegio porque dentro de ocho años yo estaría muy lejos. O eso creía.

Entonces me dije que era una estupidez, que era una posibilidad remota, que tú no lo harías. Y reí, aliviada, sin saber si por ti o por mí. Pero el nudo permanecía y yo creí que era la gripe.

Me olvidé, creo recordar, y pasaron los años e hice lo mismo contigo. Pero un buen día llamaste y no tuve duda alguna que eras tú cuando dijiste un seco "¿Quién?" ¿Qué te había pasado? ¿Dónde estaba el chico que conocí?

Casi quise llorar. Por las futuras víctimas, por tu mala fortuna. Por la mía.

Pero colgué y de repente estaba a tu lado y tú sostenías la llave de la destrucción. Y entonces supe que tendría que elegir.

Y dadas las circunstancias, o tú o yo.

viernes, 17 de agosto de 2012

If I don't make it back

A veces, la muerte pasa tan cerca que no puede evitar pensar que ella también se irá. Aunque no pueda tragar muy bien su mortalidad, sabe que, más temprano que tarde, sucumbirá.

No se ha atrevido nunca a contar a sus amigos sobre su salud. No le gusta, no quiere ver sus reacciones. No  discute los últimos pronósticos, pero no quiere creerlos.

Sabe perfectamente qué le pasa, lo sabe desde los doce años, cuando empezaron los desmayos y la palidez en su piel. Hace ya años que no puede disfrutar del verano, de su deporte favorito: no debe cansarse.

Ha empezado a parecerle graciosa su enfermedad, es casi irónico que un desamor pueda literalmente matarla. Así que empieza a evitar implicarse demasiado con los demás, porque es lo que le han recomendado. Recuerda las palabras cargadas de cinismo de su médico:

"Podrían matarte, ¿Sabes? Aquellos que tanto amas podrían acabar contigo. Tú más que ellos, debes evitar las decepciones. Y eso implica, ciertamente, evitar en parte las ilusiones. Ellas también son peligrosas. No debes dejar que nada te altere. Jamás."

"No podré disfrutar del amor, de una verdadera amistad. No podré afrontar los problemas. ¿Es eso lo que me está diciendo?"

"...Supongo que sí."

Más de una vez ha llorado por ello, con rabia y se ha prometido a si misma no hacer caso. Pero entonces su madre la frena, su sufrimiento hace que sus pies toquen de nuevo el suelo. Se preocupa. Nunca llora delante de ella, siempre se muestra fuerte y confiada, por eso es su persona favorita.Y eso hace que le duela aún más estar enferma.

Su propia fragilidad la derrumba. Siente como si su existencia fuera un puro trámite, cuando mira el calendario sólo quiere que los días pasen rápido. Pero no lo hacen y pasa las horas tumbada en su cama como un simple cuerpo inerte...¿Cómo decía esa frase...?

"Como un simple cuerpo inerte, que sólo respira, pero no siente."


martes, 26 de junio de 2012

Like thousands stars

-Y lo dije una vez, y lo repetiré mil veces: Es él, no hay duda, ¿Cómo podría otro ocupar su lugar? Pero no es mi ahora, ¿Cómo podrías retener tú, una luz que se desvanece constantemente?

-Pues anda hacia el Sur. ¡Corre pequeña niña estúpida!

-Elliot, no entiendes nada...

-La que no entiendes nada aquí eres tú. Descansa, tómatelo con calma.

-Pero acab-

-Nunca serás el gato Risón, cielo.

-¡No quiero ser el conejo blanco, Elliot!

-¿Qué haces?

-Irme.

-Quédate.

-Pero y-

-Cobarde.

viernes, 22 de junio de 2012

One day soon

Me senté agotada en ese vagón vacío,
en un asiento de mala muerte
con curiosas y deshilachadas costuras,
de cuero roto y sucio,
marrón rojizo y polvoriento.

Ladeé la cabeza levemente,
mientras el tren se ponía en marcha:
mi alrededor tembló,
chirriaron las ruedas a lo lejos,
el cristal zumbó y partimos.

No sabría decir qué hora era,
el sol reinaba, ahí encima,
esplendoroso, pero tan lejano que dolía.
No sabría decir si era invierno o verano:
mi bosque, mi hogar, lo nublaba todo.

Pero esos los árboles desaparecieron,
y el verde frondoso detrás de la ventana son ellos.
Y sólo quedó mar. Inmeso.
El tren seguía su línea,
bifucando ese cielo acuoso.

La libertad, la perfección de ese momento,
como parte de mi, se fundió en mi mente.
La ausencia momentania de dolor,
era droga disuelta en ese mar.
Quedé rendida a sus encantos.

Entre divagaciones, pensé que ese podría ser mi horgar,
un sitio dulce, ameno y apacible,
donde hallar paz hasta que mi tiempo se agotase.
Me maravillé un vez más,
"Ay mi amor..."

Con nostalgia, empañé el cristal que me separaba de ese paraíso,
Lloré en silencio, aunque nadie podía oírme,
agonicé la pérdida de ese trayecto aún sin finalizar,
me acurruqué aun más en mi asiento.
¿Cómo podría disfrutar de algo que acabaría?

Sonreí, al final, sabiéndome infantil,
"no hay nada más hermoso que algo perecedero" me dije,
recorrí con la mirada un vagón que me sabía de memoria,
y aun sabiendo que esa felicidad no sería eterna,
aún faltaban muchas paradas para llegar a la mía.

miércoles, 11 de abril de 2012

Redrum

Fue como el perfecto "Despierta, imbécil"


Sí, me explico. Es como cuando caes al suelo después de un largo tiempo: humillante, doloroso y desconcertante. O tal vez se parece más a la risa estruendosa de aquél que te mira desde arriba.

Pero ese no es el caso. El caso es que has caído y todos han visto como lo hacías.

Y todos te miran de esa manera que hace que tus mejillas se sonrojen, que tus ojos se pongan brillantes y te muerdas los labios hasta que sangren; mientras no paras de repetirte lo estúpida que eres. Entonces una bola de vergüenza y resentimiento llena tu boca, que sabe amargo y salado.

El dolor (provocado por la herida) pasa a un segundo plano, ahora intentas patéticamente que las lagrimas no resbalen por tus mejillas. Tratas de recuperar tu orgullo inútilmente.

La cosa se complica cuando las antes desapercibidas heridas físicas empieza a sangrar, mostrando una vez más tus debilidades. Tú luchas, pero las sonrisas bajo la nariz de los que te rodean parecen escocer más que la sal.

Supongo que así es como llegas al momento en que los roles cambian: la rabia llega a puntos fuera de tu comprensión, y la risa histérica que habías guardado resuena en el aire, haciéndose eco, acallando las demás. Te martirizas, te ríes cruelmente de ti hasta tal extremo que te suele es estómago y tu cerebro pugna por no vomitar. Así que levantas la cabeza, y en esos segundo borrosos, con inimaginable facilidad, rompes el espejo.

De repente, el silencio reina, notas tu pulso estallar en tu cabeza y tu respiración agitada acompasarse. Cierras los ojos, con más calma.

Te giras aliviada hacia su lado, y lo ves sonreír con esa "casi alegría" tan suya, que siempre pintan sus comisuras. Y ya sabes lo que hará: chasqueará la lengua fingiendo estar molesto por la interrupción de su cómodo sueño, se acercará un poco más a ti intentando que no se note, para que pienses que eres tú la que buscará el abrazo. Te susurrará que duermas, seguramente acompañado de algún insulto afectuoso.

Pero no está. Él no está. Una nota aguarda impaciente entre las sabanas y la abres, desolada. El rezo es simple a la par que desdeñoso:

Hartáronme





"Para que todos sepan:
lo que siembran, cosechan.

Darás lo que has quitado,
al recibir lo dado."


jueves, 22 de marzo de 2012

Lullaby for Cain

El nudo en la garganta me impedía respirar. La cuerda atada a mi muñeca quemaba mientras intentaba desesperadamente sujetarme a algo para no ceder.

Tú estudiabas mi estado desde el otro lado de la cuerda, tirando lánguida y perezosamente, sin esfuerzo. Por las noches parabas: dejabas la cuerda en el suelo y te acercabas hasta mi, dejando que llorara hasta quedar dormida en tu regazo, mientras tú susurrabas algo parecido a "No llores, amor. Duerme."

Así que tirabas, tirabas...tirabas, hasta que dejé de ser. Sentí como algo de mi se iba, rompía los lazos y  volaba lejos de mi, siguiendo la cuerda hasta encontrarte. La otra parte quedaba, reposando en el suelo de alquitrán. Y gritaba y arañaba y gritaba tu nombre una y mil veces.

"¡No soy yo, a quien te llevas! ¡¿No lo ves?!"

De repente, el mundo perdió su consistencia y me desvanecí entre la negrura.

Al despertar, a lo lejos, vuestras -¿nuestras?- figuras se alejaban. Y yo -¿yo?- permanecía allí, acurrucada contra un césped rígido.

Pero el tiempo pasaba , y sólo mi alrededor tomaba forma. No había más que abismos, cielos color naranja y desolación. La carretera no era más que una pasarela tendida por encima de esos abismos: parecía una autopista cualquiera, pero era una pasarela.

Lo demás, los descampados, las montañas a lo lejos, eran abismos. Y me abandoné a ellos.



martes, 20 de marzo de 2012

Magnolias

La vida no era justa. Escupiste en el suelo, harto de pensar. No, la vida era cualquier cosa menos justa.

La calles se hacían más borrosas, la urbe temblaba con tu ira: las paredes mojadas de algo que parecía lluvia, las luces parpadeantes a lo lejos. Todo parecía gritar dentro de tu cabeza.

Dejaste atrás los bares de mala muerte tan cerca de casa, esos bares que se habían convertido en algo más que un simple pasatiempo. Y el diablo crecía.

Crecía tanto que parecía no haber vuelta atrás, tragaba lo bueno que quedaba de ti, dejando vacíos insondables y ardientes.

La puerta de madera que separaba la fría noche de mi hogar te pareció más liviana que nunca, así que ni siquiera parpadeaste cuando se estrelló contra la pared.

Ella te miró, entre cansada y desesperada y no pudiste aplacar el odio que sentías al verla. Te acercaste en un suspiro y la cogiste del pelo.

No gritó, como siempre, ni luchó: se dejó hacer. Y el diablo mordía fuerte en tus entrañas, insatisfecho. Quizá ya era demasiado tarde, ella también te había dejado solo.

La soltaste de golpe, viendo como inmóvil en el suelo, alcanzaba a sonreírte. Las náuseas bloquearon tus pensamientos y corriste al último lugar que podía devolverte la cordura.

La habitación, ya de por si pequeña, te pareció asfixiante a los pocos segundos. Arropaste a tu hija entre tus brazos, y te dejaste resbalar contra la pared.

La niña lloraba mientras tú la apretabas contra tu pecho. Sus alaridos casi parecían calmar ese dolor venenoso. Pero ella calló también.

Así que cuando cuando lo notaste, algo por fin murió dentro de tu mente: lo que te unía a esta realidad, la única luz que sobrevivía entre tanta oscuridad se extinguió.

Y volviste a ser un niño de nueve años cobijado por monstruos.


"Los hombres rara vez tienen el valor suficiente para ser o extremadamente buenos o extremadamente malos."

Niccolò Machiavelli-


jueves, 15 de marzo de 2012

1962

Cuando todo empezó a dar vueltas, supe que era el fin. No había marcha atrás, lo que quedaba de mí resbalaba por mi garganta, anulándome. Me convertí en algo que no era, condenada a verme a mi misma a través de un cristal, observándome actuar mecánicamente, a la perfección.

Los días eran una pesadilla, seguía viviendo esa realidad atroz a mi alrededor, desatándome de la vida, de mi mundo, dejando que pasara el tiempo sin inmutarme. La verdad se confundía con mis sueños mientras la luz se convertía en un triste reflejo.

La vorágine de sombras me aturdía, el terror se volvió la única manera de evadirme. La soledad me parecía eterna cuando notaba cómo ella sonreía.

Pero llegaste y el aire que trajiste contigo calmó esas voces. Invadiendo mi esencia, fundiéndote entre las dos mitades de un todo. Enamorándote de ella y no de mi. Recordando su voz, pero desconociendo la mía.

Así que cuando viste el pánico que tenía a la oscuridad, cómo dormía acurrucada contra la pared o cómo se aceleraba mi pulso en ese pequeño ascensor, tus esquemas se rompieron y lo que nos unía con ellos.

La máscara cayó y no encontraste nada por lo que mereciera la pena luchar.

Lamento no poder ser ella. Lamento que la mentira sea lo mejor de mi verdad.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Goodbye moon

El último día, será un día normal y corriente. Me levantaré, con ese presentimiento atado a mi garganta, me vestiré, cogeré las llaves y andaré hasta tu casa.

Seguramente, frente a tu puerta, dudaré unos instantes; pero finalmente llamaré. Tú tardarás los quince segundos reglamentarios, y abrirás la puerta, con la sorpresa en el rostro, al verme después de tanto tiempo. Así que, con la patética voz que tendré en ese momento, te diré que me debes un paseo, y que he venido a buscarlo.

Tú, con desconcierto, cogerás el primer abrigo que encuentres, -porque en otoño las mañanas empiezan a ser frías y tú lo odias. Cerrarás la puerta y te pondrás las llaves en el bolsillo derecho. Y empezaremos a andar.

Pasarán más de veinte minutos antes de que me atreva a decir algo, y lo primero que diré, será algo así como: "Lo siento." Tú me darás una media sonrisa cansada y señalarás con la cabeza un banco cercano.

Nos sentaremos cerca, y me pasarás un brazo por encima mientras yo intentaré encenderme un cigarro que acabarás encendiendo tú, como siempre.

Después vendrán los llantos, los abrazos, alguna que otra risa y la despedida.

Pero, definitivamente, sé que recordaré con más afecto esa media hora de silencio, en la que, aunque fuera sólo en mi imaginación, tú fuiste para mi y yo para ti.

viernes, 17 de febrero de 2012

Crash, crash

En tu mundo, en tu habitación, en tu oscuridad. ¿Dejarás que muera sin ti o me llevarás hasta tu sillón?

Todo empezó a dar vueltas, al mismo tiempo que fijaste con una exactitud inhumana tus ojos en los míos, haciéndote dueño de todo lo que podía considerar mío. Te acercaste, serpenteando, sonriendo. Y yo sólo podía pensar que era tu presa.

Alzaste la mano en un pestañeo, cogiéndome la nuca, arrastrándome hasta escasos centímetros de tu pecho, pero sin tocarte. Nunca podía tocarte.

En tu cama, sobre tus sábanas, bajo tu cuerpo. ¿Me permitirás tocarte o quemaré sola?


Fue en un segundo, mientras miraba la pared perdida entre tus brazos, cuando besaste mi quijada como nunca, nunca lo habías hecho; podías morderme, abrazarme, hacer todo lo que quisieras con este cuerpo que siempre fue tuyo, pero nunca me habías besado. Después me mordiste con fiereza, recordándome dónde estaba.

Pero fue un antes y un después, una fina brecha a todo lo que acontecería. Pero entonces no lo sabíamos.

Dentro de mi sueño, bajo mi cuerpo, sobre mi cama. ¿Querrás besarme o dejarás que te muerda?




/Esto es sólo la adaptación de un sueño de dos minutos./


domingo, 12 de febrero de 2012

Never let me go

La ciudad muere. Bajo mis pies el mundo parece no tener vida. El cielo, sobre mi, oscurece, inexorablemente. Hermosa, alarmante, lúgubre, la noche se cierra y caigo: rápido, profundo.

Quizá es por que me he cansado de él, o tal vez sólo me he hartado de mi misma. Pero siento que la tierra dejó de girar, abruptamente. Y yo paré con él.

A veces, vagamente, recuerdo como solías tirar de mi mano, frágil y pálida. Y me sonreías, como sólo tú sabes hacerlo: con esperanza, confianza, sin mostrar el más mínimo signo de la debilidad que yo derrochaba.

Tal vez fue eso, quizá el mundo ya había dejado de girar para mi, pero tú seguías empujándome hacia el este, sin parar. Hasta que dejaste de hacerlo. Y quedé sin promesas, sin esperanzas, sólo atada a una vida que jamás había parecido tan vacía.

Nunca supe como pararte, ni tan siquiera alcanzarte. No apreté tus dedos, ni me contagiaste con tu risa. Pero tú decías ser valiente, pese a la adversidad que presentaba. Ni siquiera ahora, habiendo pasado tanto tiempo, entiendo qué te hizo permanecer ese tiempo a mi lado, empujándome, salvándome de mis monstruos, sin recibir nada a cambio.

Pero el pasado, sepultado bajo un millón de vivencias tan recientes, nunca ha parecido brillar tanto como hasta hoy.

Y ahora sé que quizá el mundo siempre fue ajeno a mi, sólo tú eras el hilo que me unía a él. Y cuando ese hilo se rompió, quedé suspendida lejos de la realidad, en un lugar donde tan sólo tú habrías sabido entender.

Mi mundo, tan lleno de ti, se estremece por la probabilidad de tener que permanecer catatónico en tu ausencia.  El mundo exterior, real tal vez, se aleja junto a cada paso que das lejos de mi.

Alargo el brazo y cierro la mano, atrapando las partículas de un oxígeno innecesario para mi.

Te has ido. Para siempre.

sábado, 14 de enero de 2012

Veintiún gramos

Debo decirte, cielo, que es muy mala idea encerrarte con un gato para apalearle. Al principio huyen, con el pánico recorriéndoles, pero después atacan de forma letal a su enemigo.


¿No ves algo que no encaja aquí, amor mio? ¿Porqué huir si sabes que pueden acabar contigo? ¿No serás tú tal vez, el que tenga huir?


Tan sólo le he visto la cara una vez. Más oscura que ésta fosa, que es mi hogar. Más vacía que los ojos que dejé en tu memoria.

Empiezo a preguntarme, después de tanto tiempo ¿Quién ha ganado? Parecía tan obvio que tú serías el triunfador...


Pero no fue horrible, ¿sabes? No es lo peor a lo que me enfrentado. La miré de frente, con la cabeza bien alta y ninguna nos acobardamos ante la otra. Ella me tomó entre sus brazos gentilmente y yo apoyé mi cabeza en su regazo, dejándome mimar.

Hay miles de formas de ganar, tú, por ejemplo, tardaste apenas unos segundos en derrumbarme, todo pasó en un solo compás. ¿Y si te dijera, que ésto no acaba aquí?


Lloré desmedidamente, lamentándome de tan terrible perdida. Pero ella, con palabras cándidas susurró las breves palabras, el enigma que me ha llevado a dar el jaque mate.


¿Qué sera de ti, mi amor, cuando perezcas en nuestra batalla? Ya no habrá segundas oportunidades. Quizá, en el fondo, nunca las tuviste.


Y aquí estoy, inmóvil, perdida, surcando en algún mar de pesares y horrores. Tan cerca de ti como jamás he estado. Aplastando tu corazón contra tus costillas, haciendo flaquear tus piernas, oprimiendo tu garganta paulatinamente.

No lo llames justicia. ¿Qué podría hacer yo, pobre de mi, si ni tan siquiera puedo tocarte, si tan sumergida en las profundidades, no puedo exhalar un suspiro? ¿Qué peligro hay en mi? 


Al final, la arena ha colmado el recipiente inferior y ya no queda tiempo. Extinguido, casi sin darte cuenta, llevándose con el tu último gemido aterrado. Ya no queda tiempo para huir.

"-¿Dónde está el gato?"

sábado, 7 de enero de 2012

Y hacer un gran epitafio, que arranque sonrisas a todos lo que pasen.

Cómo hemos llegado hasta aquí es algo que no tiene importancia; tú te limitaste a cogerme la mano y a decir que nos íbamos, me acuerdo que pensé que estabas loco. Pero, aun así, arrastré mis pies hasta tu coche, un viejo descapotable de color rojo. 

De cómo hemos pasado de estar en el jardín de nuestra casa, a estar cruzando un inmenso desierto anaranjado, es algo que ignoro. Y que más da, tú miras la carretera con tus impresionantes ojos negro súbitamente brillantes, con casi una media sonrisa pintada en el rostro, lleno de satisfacción y de paz; y yo no deseo estar en ningún otro lugar.

Corremos y puedo jurar que me fundo con el viento. El cielo ha pasado de turquesa a naranja en un pestañeo, mientras aceleras en esa recta inimaginablemente larga y vacía, mientras me debato entre llorar o reír.

No recuerdo a quien hemos dejado atrás, ni si quiera que día es hoy. Aun así se que mamá nos matará, ¿verdad? Nunca has sido un buen hermano mayor. Te miro un segundo más, me estás mirando como sólo tú sabes hacerlo, te acercas un poco más, pones una mano en mi cabeza.

-Niño tonto.

Suena Redline Day, y en ése preciso momento sé que sí sigues luchando, yo seguiré intentándolo. 

Despierto de repente de mi sueño, asustado por los gritos, me apoyo en mi fusil y me pongo de pie. El capitán, con nerviosas palabras nos da ánimos para seguir adelante. Algunos rezan, así que intento hacerlo yo también. Miro por la ventana y veo las montañas cada vez más cerca.

-¿Qué haré si me matan, hermano? ¿Y si una bala me destroza el corazón?

Las compuertas se abren y yo busco desesperadamente un escondite. Cuando no miren, me digo, cuando no miren me esconderé.

Pero siempre miran y las compuertas se han abierto y decenas de compañeros salen disparando al cielo azul. Maldiciendo al enemigo, mientras miro con horror como algunos de mis amigos ya han caído.

Las primeras bombas ya hacen estragos, he esquivado cada una de ellas, pero en un instante un grito de alerta atraviesa mis oídos y me doy cuenta que no puedo dar un paso más. Caigo en la arena tocándome el abdomen, manchado de sangre. Un explosivo, ¿eh? Eso explica el sepulcral silencio que me rodea.

La desesperación consume poco a poco mi cuerpo, y me tranquilizo repitiéndome dónde iré si salgo de ésta.

-Iré a mi madre con flores, y antes de nada le pediré perdón por tratarla siempre así. Visitaré tu tumba, para decirte que lo intento, día a día, con todo lo que tengo. Y correré a casa de Helena y la abrazaré tan fuerte como pueda, para ver como se da cuenta de que la quiero más de lo que me quiero a mi.




viernes, 14 de octubre de 2011

Cinc minuts per mitjanit

-Comencem.

Conduïa per ves a saber on, enfonsat pel passat, ple de rancúnia.

Les llums passaven a més velocitat, jo ni tan sols me'n adonava, un parell de clàxons, pot ser fins i tot algun que altre insult.

Eren tres quarts de dotze, feia hora i mitja que conduïa sense parar, anant sense saber-ho, cap el port, on la llum de la lluna tan pàl·lida i rodona, enlluernava les barques, la fusta del port i el mar. De sobte em vaig sentir ansiós, amb un neguit que no em deixava respirar.

Vaig reduir la velocitat i em vaig concentrar amb les petites llums dels negocis proper a la platja, 'Pot ser hauria de para una estona...', em vaig dir, 'Mal no me'n farà.' Però em vaig veure interromput per la teva silueta, que s'acostava lentament cap al meu cotxe, deixant enrere un xiringuito de mala mort del que amb prou feines recordo com o qui hi era, i tampoc es tan estrany, allà només hi anava la gent que no valia la pena ser recordada: borratxos, putes i estafadors.

Sola, caminant cap a mi sense presses, estaves tu. Fumant, sense parar de mirar-me. M'enrecordo que vaig sentir un lleuger mareig. Mai una dona com tu m'havia mirat d'aquella manera: profunda, llargament...com si pogués salvar-la d'alguna cosa que ni tan sols podia entendre. Era impossible que tu, amb una pell tan fina i amb uns cabells tan negres, amb uns ulls tan blaus i amb uns llavis tan vermells, em mirés així.

Volia moure'm, obrir la porta, parlar amb tu, però no va fer falta. Vas rodejar el cotxe i et vas seure al seient del copilot. Vaig prémer amb força el volant i tu em vas dir: 'Tant me fa cap on, però corre, si us plau.'

Adéu, passat.