"I think it's time to blow this scene get everybody and the stuff together.
Ok, 3, 2, 1, let's jam."


miércoles, 7 de marzo de 2012

Fins sempre

El lloc d'on vinc,
no està a prop ni lluny
allà pocs cops hi brilla el sol
encara que tampoc hi ha núvols.

El lloc d'on vinc,
els estius no son calorosos
però els hiverns tampoc son freds.

La gent no surt pels carrers,
no s'hi veuen nens corrent,
tampoc es sent la remor d'un riu
i les muntanyes pocs cops son verdes.

Allà els ocells no canten, saps?
Sempre he pensat que tenen una promesa
per no interrompre aquell silenci.

Hi han poques cases i totes son velles,
els carrerons son estrets,
però no recordo haver sentit por.

Quan es de nit a vegades,
hi bufa un vent suau,
però tampoc recordo haver sentit el murmuri dels arbres.

I quan arriba la primavera,
els prats que ho pinten tot
no se'ls hi veu cap flor,
semblen estar esperant a èpoques millors.

Al lloc d'on vinc,
les estrelles mai hi brillen,
però, cada nit de sant Llorenç
es senten rialles des de molt amunt.

Tu, sorprès,
em vas dir m'entres m'agafaves la mà:
-I com es que te'l estimes tant?

Jo vaig somriure a aquelles rialles
que ara viatjaven per altres indrets com el meu,
i sense mirar-te et vaig dir:
-Es el lloc d'on vinc.




lunes, 5 de marzo de 2012

Take a sad song and make it better

Entendí la felicidad una noche de invierno por la calle. Fue repentino: sin avisar, me encontré riendo por nada y a ellos riendo conmigo. Cada uno con su propia melodía. Y yo no pude encontrar un sonido más perfecto. Nos miramos todos un segundo, sin aliento y con las mejillas sonrojadas, con los ojos brillantes y con una sonrisa aun plasmada en el rostro.

Y en ese segundo, el mundo me pareció mas sencillo que nunca: la brisa revolviendo mi pelo, la noche tan brillante por esa calle extranjera, el peso de mi corazón; que latía con fuerza, casi chillándome que no podría olvidar nunca ese momento.

Sí, entendí que la felicidad es ese instante en el que te preguntas quién querrías ser o dónde desearías estar, y te encuentras sonriendo al pensar que no cambiarías la más mínima cosa.

Ahora, que me quedo sin palabras, sólo puedo deciros gracias, probablemente el más sincero que he dicho jamás. Gracias por ser tan vuestros, por compartir este pedacito de mi vida, por ser tan maravillosos. Por hacerme tan feliz.

No sé si será por ese canon, o por la despedida silenciosa que nos otorgo pero, si pudiera dar un paso atrás en mi vida, volvería a ese momento: sólo para mantenerme callada, escuchando, para que mi risa no empañara la vuestra. Para oír la vida en estado puro.

Así que no os vayáis aún, por favor, quedaros un poco más, esperad. Dadme un poco más de vosotros, dejadme quereros aún más.

En la vida no hay sólo amor, a veces queda eclipsado por esa felicidad.

A veces, en la vida, no hay sólo amor, y sin embargo, queremos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Goodbye moon

El último día, será un día normal y corriente. Me levantaré, con ese presentimiento atado a mi garganta, me vestiré, cogeré las llaves y andaré hasta tu casa.

Seguramente, frente a tu puerta, dudaré unos instantes; pero finalmente llamaré. Tú tardarás los quince segundos reglamentarios, y abrirás la puerta, con la sorpresa en el rostro, al verme después de tanto tiempo. Así que, con la patética voz que tendré en ese momento, te diré que me debes un paseo, y que he venido a buscarlo.

Tú, con desconcierto, cogerás el primer abrigo que encuentres, -porque en otoño las mañanas empiezan a ser frías y tú lo odias. Cerrarás la puerta y te pondrás las llaves en el bolsillo derecho. Y empezaremos a andar.

Pasarán más de veinte minutos antes de que me atreva a decir algo, y lo primero que diré, será algo así como: "Lo siento." Tú me darás una media sonrisa cansada y señalarás con la cabeza un banco cercano.

Nos sentaremos cerca, y me pasarás un brazo por encima mientras yo intentaré encenderme un cigarro que acabarás encendiendo tú, como siempre.

Después vendrán los llantos, los abrazos, alguna que otra risa y la despedida.

Pero, definitivamente, sé que recordaré con más afecto esa media hora de silencio, en la que, aunque fuera sólo en mi imaginación, tú fuiste para mi y yo para ti.

lunes, 27 de febrero de 2012

Dos segons.

Pots, encara que sigui un segon: pots deixar el que estàs fent i mirar-me? Només a mi, un moment. Fes-me existir a la teva vida per un instant.

Em trobo en aquest estrany punt de no retorn, on m'han dut els teus ulls tan verds.

Així que salva'm, d'aquest hivern tan fred, d'aquesta negror que em consumeix i no em deixa respirar. Deixa'm veure com em mires, deixa'm veure la perfecció. I somriu-li a algú altre, que jo ja estaré contenta.

Total, què sóc si no una estranya, per tu? D'aquestes que s'obliden. D'aquestes que el pas del temps les borra. Però tu no, oi? Tu ets d'aquells que es marquen a foc, davall la pell. Ets allò que no se'n va mai, allò que tan de bo pogués oblidar en un tancar i obrir d'ulls.

M'entens ara, entens que no pugui treure't els ulls de sobre? Que et trobi a faltar quan no hi ets? Que no me'n pugui estar de buscar-te a tot hora?

I ara, que tot ha acabat, o que potser mai ha començat, t'haig de dir adéu, per sempre.

Però avui no. Avui vull, simplement, romandre on sóc i deixar-me endur.


Per la meva boja d'ulls tristos.





miércoles, 22 de febrero de 2012

Catorce

"Sólo hacen falta segundos,
para perder, un juicio que no tenías.
Para convertirse en un monstruo,
no hacen falta presentaciones."

Eres un vacío.
O no.
Eres la nada que no eché
ni echaré de menos.
Eres un recuerdo,
olvidado por tantos...
momentos.

Eres un pasado
que ni siquiera es mío.
Eres la imaginación,
tan perturbadora,
de una niña de
-¿cuántos?-
Ocho años.

La sangre, que fluye
y que fantaseaba,
perdida,
entre calles de Madrid.
No es tuya.
No existe.

Los rasgos, atados,
no son mis ojos.
Ni mi mente,
ni mi razón.
Son partículas
invisibles a tus ojos olvidados.

Papá no existe.
Sólo tu rabia marcada en mi cara.
Un cicatriz que no duele.
Ni dolió.
Papá no existe,
ni existió.

No añoro nada.
Y no me asusta.
No significas nada,
sólo eres una cicatriz.

Hay, papá,
muchas formas de morir.
En tu caso,
y en el mío,
hemos muerto para el otro.

Pero, si algún día,
los temores de una niña de
-¿cuántos?-
ocho años
se cumplen,
no será tu monstruosidad
la que opacará mi mundo.

Será la mía, papá.
Más oscura,
y menos perceptible
que la única señal
que dejaste de tu existencia.

martes, 21 de febrero de 2012

#1

Me quedé mirando fijamente por la ventana, fascinada por el color del atardecer entre las montañas. El único remanso de paz que quedaba cerca de mi y de esa habitación que me ahogaba. Suspiré y crucé mis manos sobre mi regazo, repentinamente avergonzada por mi osadía; abochornada por el cúmulo de sensaciones que se reflejaron en el rojo de mis mejillas.

El llamado detrás de la puerta interrumpió de golpe mis cavilaciones, despertándome de mi dulce descanso. La puerta se entreabrió, descubriendo a una pequeña mujer de rostro pálido.

-Señorita, su padre la llama.

Cerré un instante los ojos, para después volver a mirar por la ventana. Como suponía, el sol había caído ya, y con él, todas mis ilusiones.

-Dígale que iré en un segundo- contesté, sorprendida de lo extraña que sonaba mi voz.

"Eso es de usarla tan poco, princesa" Susurraste una noche, a penas rozándome la mano.

La mujer se retiró con prisas y cerró la puerta silenciosamente. Tardé casi cinco minutos en levantarme y recorrer el espacio que separaba mi habitación de su estudio. Cuando llegué frente a la puerta, me aterró el hecho de no haber notado el repiqueteo de mi corazón nervioso.

-Pasa.- contestó a mi ligero toque de nudillos.

Me adentré en ese extraño cuarto. Lleno de papeles, muebles de madera, estanterías llenas de libros que mi padre no había tomado si quiera la molestia de cuidar, y en el centro la imponente mesa dónde la silueta de mi padre apoyaba los codos con gesto calculador.

-¿Puedo preguntar el porqué de su llamado?- mi voz permanecía monocorde, casi despreocupada.

-Quería preguntarte si sabias algo de la hija de nuestros vecinos, esa chica tan encantadora con la que solías ir a montar a caballo.

-No, hace días que no sé de ella. ¿Ha pasado algo malo?

Él hizo lo imposible para no sonreír.

-Ha desaparecido. Justo antes de su boda.

Yo ni siquiera me molesté en hacerlo.

-Vaya, qué desgracia. ¿Cómo están sus padres?- respondí con un hilo de voz.

-Furiosos.

La habitación permaneció en un absoluto silencio mientras él empezaba a fumar. Habiendo hecho un par de largas caladas, me miró insondablemente.

-Te irás.

-Supuse que lo sabía.

El miró por la única ventana que no estaba tapada por las pesadas cortinas azules, ausente.

-No piensa detenerme.-En ese momento lo vi claro, esa sería nuestra última conversación. Abandonaría esa casa. Esa misma noche. Para no volver.

-No. Tu madre me dio otra hija. A tu prometido no le importará el nombre mientras tenga el mismo apellido, y a mi tampoco.-El cigarro se consumió en el cenicero, dejando un horrible olor en el estudio- Quizá no fui el mejor padre.

-Ni yo la mejor hija.

Nos miramos largamente, sin estudiarnos, sólo mirando el reflejo del otro. El descansó su mano en el reposabrazos de su inmenso sillón.

-Tendrás prisa- me dijo.

Retrocedí dándole le espalda hasta la puerta, sin mirarlo.

-Adiós padre.

Y salí para siempre de esa casa. De sus recuerdos. Y nunca volví a saber nada de ellos, ni ellos de mi.

viernes, 17 de febrero de 2012

Crash, crash

En tu mundo, en tu habitación, en tu oscuridad. ¿Dejarás que muera sin ti o me llevarás hasta tu sillón?

Todo empezó a dar vueltas, al mismo tiempo que fijaste con una exactitud inhumana tus ojos en los míos, haciéndote dueño de todo lo que podía considerar mío. Te acercaste, serpenteando, sonriendo. Y yo sólo podía pensar que era tu presa.

Alzaste la mano en un pestañeo, cogiéndome la nuca, arrastrándome hasta escasos centímetros de tu pecho, pero sin tocarte. Nunca podía tocarte.

En tu cama, sobre tus sábanas, bajo tu cuerpo. ¿Me permitirás tocarte o quemaré sola?


Fue en un segundo, mientras miraba la pared perdida entre tus brazos, cuando besaste mi quijada como nunca, nunca lo habías hecho; podías morderme, abrazarme, hacer todo lo que quisieras con este cuerpo que siempre fue tuyo, pero nunca me habías besado. Después me mordiste con fiereza, recordándome dónde estaba.

Pero fue un antes y un después, una fina brecha a todo lo que acontecería. Pero entonces no lo sabíamos.

Dentro de mi sueño, bajo mi cuerpo, sobre mi cama. ¿Querrás besarme o dejarás que te muerda?




/Esto es sólo la adaptación de un sueño de dos minutos./