"I think it's time to blow this scene get everybody and the stuff together.
Ok, 3, 2, 1, let's jam."


lunes, 11 de febrero de 2013

La eterna huida

-Es que en ese momento se borra todo, no entiendes nada...

-Sí y eso de que cuando estás hablando, en fin, me pasa constantemente. Se me olvidan cosas que iba a decir y al final parece que no sepas ni hablar, ¿verdad?

-Exacto, acaba pareciéndome absurdo hablar. Cada vez me abstraigo más y más de la realidad. No sé, no entiendo, no la comprendo, ni quiero hacerlo.

-Por eso te digo que entiendo lo que te pasa, aunque, en mi caso, no sé por qué cojones es.

-Ni yo tengo ni puta idea...¿Dios, qué nos está pasando?

-Tal vez sea estrés simplemente, o que nos estamos volviendo locas realmente. Quién sabe, no sé que es peor, sinceramente. ¿Él te lo ha notado?

-Sí, fue él primero. Simple: nos estábamos besando y paré de hacerlo de repente. Me dijo que cuando me miró estaba mirando a la nada. Creo que está preocupado...pero es que no sé qué decirle...

-Es muy simple, dile la verdad, que no sabes que te pasa. Creo que lo entenderá.

-Eso espero...No lo sé, es que es como si algo hubiese dejado de atarme a la realidad. Es tal cual lo siento, pero no ha habido catalizador.

-Como si hubieses escuchado un chasquido y luego ya no hay nada que tenga sentido.

-Exacto, y todo se vuelve absurdo y te preguntas: ¿qué hago yo aquí? ¿qué es esto?

-Necesitas largarte de dónde estés, aunque estés hablando tranquilamente con tus amigos tomándote una cerveza.

-En ese momento sientes como si te estuviesen reteniendo.

-Sí, aunque estés hablando de algo que te agrada. Los viernes...todos los malditos viernes me acabo marchando.


-Pero es que tampoco sabes dónde quieres ir: no quieres volver a casa, pero tampoco quieres estar con ellos.

-Y haces el camino de regreso más largo que de costumbre.

-Y, curiosamente, la soledad te consuela, pero tampoco te llena; nada lo hace.

-No, ni siquiera escribir, dibujar...o lo que sea. Te entran ganas de gritar por gritar.

-Porque no sabes qué hacer, y gritas, pero no llamas a nadie. Es eso, gritas por gritar.


-¿Estas dormida? No, aún no, ¿verdad? Te llamo para decirte que he encontrado la solución, la definitiva. No te rías, escúchame. No, no lo he sacado de ningún libro ¡es cosecha propia! ¿****? ¿****? ¿Estás ahí? [...] Sí, sí, se ha cortado, ¡qué raro! Bueno, escucha que allá va: huyamos, huyamos para siempre. Así no tendremos nada que echar de menos, porque no pararemos jamás. Sólo huir eternamente, ¿qué te parece? No llores, ****, ni te rajes...ya sabes que no puedo huir sin ti.

viernes, 11 de enero de 2013

Naptune

Emergió del agua con un sonoro inhalar, con los ojos cerrados. Dio un par de respiraciones bien profundas, saboreando el regusto salado y el cálido aire nocturno, abrió los ojos entonces, maravillándose con ese ultramarino que teñía su alrededor; y sus astros. Los contempló anonadada, flotando apaciblemente sobre la superficie, sus brazos en cruz y su corazón latiendo más deprisa que nunca. No recordaba haber visto jamás tantas estrellas juntas, ni tan brillantes, ni tan hermosas...ni tan lejanas.

Le dolió, tanto que ni siquiera puede llegar a recordarlo. Esa era su izquierda, su meta, su más firme reto pero también su insomnio, su monstruo y su condena: alcanzarlas, rozarlas con las yemas de sus dedos.

Centelleantes, parecían invitarla a nadar más lejos, a reunirse con ellas en el horizonte...otra vez. Sus queridas sirenas, cantando cada noche la más dulce de las nanas, melodía efímera que pudo llegar a matarla una vez. Y no pudo evitar seguirlas. Ellas, que eran su tentación, la sabrosa manzana, su perdición.

Como buena saturniana, dio brazadas largas y lentas, armónicas. Sin prisa, se alejaba de la costa, dejaba atrás lo conocido y se aventuraba de nuevo hacia las sinuosas aguas del oeste, aquellas que nunca eran acariciadas por el sol ni la lluvia ni el viento: aquellas donde sólo una eterna media noche reinaba.

Se disculpó, sollozando quedamente, de aquél que dejaba atrás. Sabía que no podía acompañarla, que él pertenecía al cambiante mundo de las sombras, donde una ardiente bola de fuego había descoronado su hermosa luna. Odiaba ese lugar.

-No te vayas.

Se congeló por la impresión de esa voz y se ahogó sin querer, notando a los pocos segundos un brazo que rodeaba su cintura y que la traía de vuelta a la superficie. Él, como el pez que era, se mantenía derecho de manera imposible en el mar. Ella quedó pegada a su pecho, respirando agitadamente al ver sus lágrimas.

-Vámonos a casa.-susurró, con la voz apagada.

Ella soltó dos lágrimas que se mezclaron en su piel húmeda. ¿Qué casa?, quiso gritarle, ¡Ese no es mi hogar! Le miró con odio amargo, mordiéndose los labios cuando él la tomó entre sus brazos y la cargó para llevarla a tierra. Andaban sobre el mar, al compás del corazón que tenía pegado a su oreja, al compás de los pequeños temblores que recorrían el antebrazo que tenía bajo las rodillas.

Oía cómo sus pequeñas sirenas desgarraban su voz para hacerla volver, oía cómo no se rendían, cómo aumentaban las promesas, cómo le pedían que no le escuchase.

-Está bien- dijo de repente-, sé que no deseas volver. Lo entiendo, crees que ese no es tu hogar...pero te equivocas. Nadas y nadas hacia la luna, hasta tus queridas estrellas, a las que crees pertenecer, pero ¿qué te dan ellas a cambio? ¿A caso fueron tus sirenas las que te salvaron cuando te ahogabas? ¿Fuero ellas las que te alimentaron o las que cuidaron tu sueño noche tras noche? No, no fueron ellas- Se dio cuenta de que apretaba los dientes, de que estaba enfadado y triste- Ellas fueron las culpables de tu...estado. Dices que debes alcanzarlas, llegar al horizonte, escúchame bien, no puedes. No alcanzarás esas malditas bolas de fuego ni nadarás intentando llegar a una línea inalcanzable. Es mejor que lo entiendas, porque no pienso permitir que te conviertas en otro Ícaro.

Se quedó con los ojos muy abiertos, se secaron las lágrimas en sus mejillas. Su mente, en blanco, no podía procesar lo que le decían. Al borde del colapso, sólo podía callar, el pánico la mantenía estática.

-Tú mejor que nadie lo sabes, debemos desear aquello que podemos tener y ser felices con lo que tenemos. ¿Cómo no vas a saberlo? Fuiste tú quien me lo enseñó...-Él bajó su mirada, dolido- Pero pareces haberlo olvidado todo. Vendrás conmigo, quieras o no, ahora me toca a mí volverte a cuidar, no debí dejar que salieras de noche a la playa, aún no.-Hizo una pequeña pausa, en la que sus ojos volvieron a cobrar vida- Espero que algún día entiendas que tus sirenas son monstruos, que la noche eterna acabará matándote, si no de frío, de hambre. Que no puedes nadar eternamente, que tu sitio es la tierra. Espero que algún día entiendas que tu luna es una impostora, un simple espejo que refleja, bizarro, lo que le conviene de la verdadera luz. Y que te engaña, mi amor, te miente.

Un silencio pétreo los rodeó por completo. Ahogándolos por separado dentro de sus laberintos mentales. Ella por fin habló.

-Es mi naturaleza.

Fue entonces cuando él supo que le mataría y que ella, tan débil como estaba, moriría ahogada con él;  por ello no dejó de andar. La saturniana desplegó su aguijón plateado con el que acarició su amado neptuniano. Él la besó con vehemencia y la miró largamente, perdiendo sus últimas fuerzas.

-Buenas noches, Maa.

Notó cómo empezaban a hundirse, cómo los pies de su amado dejaban de repeler el agua y desaparecían en ella: su Kala se volvía océano. Se sintió feliz, sabía que moriría con él, entre sus brazos, como debía ser. Pero no sucedió, no llegó a ahogarse, su elemento se lo impidió, quedó de pie sobre la arena, el agua le llegaba por la cintura. Le vio desvanecerse y mezclarse, él, que brillaba con una luz azulada la rodeaba, le decía adiós...le miró hasta que se confundió con el resto de mar.

Caminó sobre la arena hasta llegar a la costa, se tumbó y cerró los ojos. Las sirenas callaban, el silencio era absoluto. Pero como por arte de magia, el mar empezó a acercarse hacia ella, con suavidad; venía y se iba. Se maravilló, jamás hubiese pensado que el agua llegaría a moverse por sí sola. Algo le dijo que era Kala.

Se volvió a recostar y cantó para él, que ahora mojaba sus pies, su Naptune.

Por fin habían encontrado la manera de volver a ser osezno y burbuja.


-¿Quién hizo las olas?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Mecha

Nadie dijo que sería fácil es comprensible, la vida no lo es. Tal vez es ahí donde reside la gracia, que se pierde si los días son demasiado largos y las noches tan frías. Si las cenizas cubren el tejado, si las paredes son mancilladas por la soledad. Quizá la gracia tampoco está ahí.

No es extraño, entonces, querer regresar. Porque aunque aquí el viento sea apacible y los días encuentren muerte en noches claras, no puedo olvidar que es una jaula, que muta a conveniencia, haciendo más tortuosa la estancia.

Y cuando me siento tan débil, tan enferma, tan fugaz, retuerzo tu recuerdo y lo sufro hasta que sale por mi boca sin control. La felicidad, la entereza, incluso mi vida parece escurrirse entre mis labios. Me pego a la pared y te hago sitio en mi cama, inconscientemente esperándote. Como si tus ojos azules pudiesen calmar el dolor. Como si fueras a volver.

Pero nunca lo haces y las noches se vuelven oscuras, en el peor sentido de la palabra: los monstruos sales de debajo de la cama, me aplastan mientras susurran. Intento entones alzar mi voz, pedir ayuda y cuando ya nada me queda, sólo deseo que me salves, que me guardes cerca. Y todo es en vano, las palabras se rompen en las paredes de una infinita carretera. Arremeten entonces las pesadillas, el agónico recuerdo del golpeteo descompasado y grave de un corazón que grita de dolor al morir.

Y siempre espero que lo calles, pero tú no puedes oírlo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Segundo origen

La noche era fría, las calles de esa ciudad en ruinas estaban desiertas. Ni un alma osaba salir de su hogar. El ruido de las bombas se asemejaba a un incesante goteo de un grifo mal cerrado. Cada gota cien vidas. Cada explosión se escurría por las cañerías. Las ventanas cerradas, las cortinas hechas harapos reposaban en el suelo, testigos del incidente.

La chica que una vez lo tuvo todo, miró la luz que provenía des del exterior con ojos huecos, mientras lloraba sin lágrimas sobre su ciudad natal. O lo que quedaba de ella: ese inmenso agujero que ahora era Barcelona. Y aunque sólo podía intuirlo gracias a la luz lunar (nunca lo había visto a la luz del día por el peligro de ser descubierta), le parecía conocerlo perfectamente.

La chica que de pequeña quiso ser artista se dijo que mirar por la ventana no le traería nada bueno. Por eso se giró y sin usar el tanteo que había necesitado en un principio, sorteó una mesa que cojeaba de una pata y que nadie tuvo tiempo de arreglar y se acomodó en el pequeño sillón de cuero roto. Echó mano al tesoro que se había encontrado esa misma noche (a penas unas horas antes) en su búsqueda de comida, el último paquete de Camel que vería en su vida y que le hizo recordar a su madre. Esa mujer a veces rubia y tantas otras morena o pelirroja o rubia de nuevo, con un humor que cambiaba dos veces cada hora. Siempre triste, casi nunca tal vez, tan sólo melancólica. Porque es verdad, su madre siempre parecía ver cosas que los demás no podían ver.

Le vino a la mente que una vez, antes de la guerra y el hambre, pensó que su madre no pertenecía a este mundo (o a esta realidad o vida). Que había visto algo más allá y lo que sea que fuese, fue maravilloso y cuando tuvo que regresar, nunca volvió a ser la misma, sólo una sombra de lo que fue. La chica que nunca vio Liverpool, solía preguntarse si alguna vez llegaría a conocerla.

Cerró los ojos y se encendió uno de los cigarros maltrechos. Recordó (mientras la nicotina hacía de relajante) la frase de un libro que no pudo acabar: "Si la maternidad es el Sacrificio personificado, entonces el sino de la hija significa una Culpa que nunca es posible de expiar". Tiempo después, una brisa de aire helado le erizó el vello e hizo que volviese a mirar por la ventana. Estaba a punto de salir el sol.

Se levantó, apagó el segundo cigarro en el suelo de lo que parecía linóleo y volvió a apostillarse en la ventana.

Sabía que debía retirarse, que ellos saldrían a registrar la zona, pero sus pies parecían clavados en el suelo. Suspiró, ya se temía que ese día llegaría pronto e intentó luchar contra su repentina parálisis, a penas consiguiendo virar el rumbo de su mirada, girando sobre sus talones hasta quedar de espaldas.

"Es fácil, así que simplemente hazlo" Le susurró la voz de su madre.

Y aunque nunca volvió a verla, a la luz del día, Barcelona no le pareció tan distinta: con el agujero o sin él, el cielo seguía siendo inmenso y azul.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Només crec en el que veig jo

He viatjat
d'est a oest
de nord a sud
sense saber a on anar.

Per muntanyes verdes,
entre prats lluents,
boscos plens de vida
i perdudes sendes.

Havent vist tant,
colors de totes menes,
tendres roselles, 
rojos tan llampants.

Els blanc més purs
sobre la cima del món.
Cendra volàtil.
De la nit el negre més cru.

I de blaus n'he vist tants
com dies de vida.
Des de mars infinits
al cel de Bogotá.

Per què, llavors,
si ni el gel de l'àrtic
ni el mar del carib,
em fan perdre la raó,

El teus ulls, amor,
trossos de cel perduts,
canviants com la brisa
em fan perdre el nord?

Perdona'm si m'ofego dins els teus iris, si em submergeixo dins d'ells en un instant ínfim. Perdona'm per no trobar cap motiu per deixar de mirar-los. Disculpa'm, si intentant memoritzar-los m'hi passo hores, si vull conèixer cada lluentor, cada ombra, cada petit matís. Em disculpo per no saber fer res més que deixar perdrem en aquests ulls teus. Perdona'm, un altre cop, per si mai me'n canso. Però, que puc fer-hi jo, si he trobat un cel que no te'l acabes?

No et preguntaries tu també què hi fas aquí, miran't un cel que no és el teu, tant lluny d'ell?





lunes, 12 de noviembre de 2012

Eterno retorno

Me ofreció el brazo y empezamos a andar por los jardines, entre magníficos rosales coloridos. A paso lento,  por baldosas de piedra pulida, brillantes por la lluvia otoñal, resonaban nuestros pasos en sincronía. Tac, tac, tac. Sin parar. Hacía frío incluso con abrigo, un frío húmedo que calaba mis huesos y me hacía apretujarme contra su hombro mientras en él reposaba mi mejilla sonrojada. El cielo gris y nosotros paseando. En casa un velatorio y nosotros en el jardín.

Subí lentamente mis ojos hasta encontrarme con su iris verde apagado. Siempre me fascinaba el cambio de color que sus ojos sufrían dependiendo de la estación. Tac, tac, tac. Y el rocío plic, plic, plic. Sin decir nada, miré mis pies, consternada. Odiaba no saber qué decir. Respiré lentamente, preparándome.

-¿Estás bien?- él clavó su pupila en la mía, desvió un segundo la vista al suelo y volvió a mirarme fijamente- Lo siento, ha sido una pregunta estúpida.

No dijo nada y yo le acompañé. Seguimos andando, hasta llegar a una bifurcación. No recuerdo qué camino elegimos, caminamos al compás. Cuando creía que pasaríamos el paseo en absoluto silencio, él por fin habló.

-No lo sé. No he dicho nada porque no sé si estoy bien. Tampoco sé si estoy mal.- No me dirigió la mirada en ningún momento, y yo tampoco a él, pero eso no me impedía saberlo.- Creo que estoy cansado.

Todos estamos cansados, quise decirle, todos estamos hartos de esto. Me mordí la lengua, obviamente, pero él lo noto. Como si pudiera leerme la mente o descifrar mis movimientos, me dio un suave apretón en el brazo, sonriendo quedamente a la nada. Callamos durante un buen rato, en el que pude maravillarme con el paisaje que, aunque en conjunto gris, no tenía nada de pálido. Adornaban los bordes de las baldosas rosas de especies, colores y tamaños diferentes. Sólo ellas, cuidando del jardín y manteniendo el suelo mojado. Plic, plic, plic, como mil lágrimas por todo el jardín. Y dentro un velatorio, y un muerto en su caja y vestidos negros y crisantemos. Tú tan guapo y yo tan lista. Qué bien nos sentaba el negro.

-Deberíamos cortar algunas rosas-Dijo- y volver dentro, pesar y secarnos.

Cierto, empezaba a llover, con lo que a mí me gustaba. Cerré los ojos, subí el mentón al cielo y escuché atentamente. Inspiré profundamente, gozando del perfecto olor, solté una lagrima que se confundió con la lluvia. Pero él se dio cuenta.

-No estés triste. No me gusta.- Me tomó por las mejillas, retirándome con el pulgar mi lágrima solitaria. Acariciándome con las puntas de los dedos ambos lados del cuello.- ¿Ves? Eres como un gato. Vamos dentro.

-A los gatos no les gusta la lluvia. A mí sí.- Murmuré, con los ojos aún cerrados. Escuchando de lejos el piar de los pájaros, histéricos por el agua.

-Cortemos rosas, Suli. Hagamos un ramo.- Animado, tiró de mí haciendo que abriese los ojos.

-¿Sin espinas?- apabullada, pareciendo una niña a su lado, dejé que me guiase.

Él se giró de golpe, con un misterioso y hermoso brillo en sus ojos, sin desviar la mirada de mis ojos. La mirada más profunda que jamás me habían dado. Volvió a sonreír.

-Sin espinas de colores que se rían en cuanto llore y en cuanto no.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Rosas de Jericó

"En mi jaula aprendí, las ganas de dejar la tentación, pero no a poder descansar."

La desazón de no ser quien esperabas,
de no poder cumplir tus promesas,
de perder aquello que amas.

No ser y nunca poder cambiarlo.
No ser e igualmente seguir,
por un camino indeseado.

Existir puramente por desidia,
no reconocer ni tu sombra.
Y la única esperanza, otro día.

Retorcer la deliciosa agonía,
fruto de batallas redentoras.
Tan sabias y aun así, perdidas.

Dejadme, pues, ser pasto del rocío,
que me moje la lluvia, que me lleve el viento,
que arda junto al fuego y que me cale el frío.

Permitidme ser la ciudad perdida,
un astro errante, la hermosa luna.
Permitidme vivir otra vida.

A cambio, yo os regalo mi calma,
mi amor, mi felicidad y mi fortuna.
A cambio, os regalo hasta mi alma.

Pero que mi sol y mis estrellas,
no partan otra vez de mi lado.
Que me sean devueltas cada una de ellas.

Y si no me es concedido este deseo,
que se ahogue mi ser en la espiral infinita.
Y que de mí no quede ni el más triste recuerdo.

domingo, 21 de octubre de 2012

Out of time

Es triste admitir que fui yo la culpable. Que fui yo quien destrozó mi propia felicidad. Tan ciega estaba que no veía ni quién eras, ni siquiera quién era yo.

Pensé, tan estúpida fui, que podía retenerte a mi lado, que si veías que había alguien que te quería, que se preocupaba por ti, que siempre tendría tiempo para ti, no te marcharías. Tan estúpida fui...

Me decía a mí misma "¡Lucha, no importa que ahora no lo vea, algún día se dará cuenta de que vales la pena!" Y me repetía "Jamás abandones, este es tu sitio, es lo que debes hacer"

Y cuando estaba tan cansada que no servía ninguna de esas promesas, murmuraba tu nombre en la oscuridad, una sola vez, y traía a mi memoria el olor a vainilla. Cuando por fin era capaz de dejar de llorar, iba corriendo al baño, llenaba la bañera y me dejaba sumergir entera mientras disfrutaba del silencio.

Habían un sinfín de recursos que me salvaban del naufragio. Pero un día no pude más. Algo se rompió dentro de mí, no sabría explicar el qué, pero lo cierto es que ocurrió. Y nada volvió a ser lo mismo.

Nunca volví a ser la misma.

Me di cuenta de que no era yo quien podía salvarte, que no era la indicada. Que esa felicidad que sentía al tenerte, no era compartida. No sólo no me correspondías, no podrías llegar a hacerlo jamás. Supe, entonces, que en tu vida sólo podía llegar a ser un simple extra, un rumor lejano, la canción que nadie volvería a cantar.

Que todo por lo que había luchado, no había servido de nada.

Mi propia Troya ardió y cuando quedé sin esperanzas, quise hacerte el mismo daño que tú me habías hecho.  Pero qué equivocada estaba al prometer acabar con quien me había destrozado, pensando que eras tú, y al firmar el trato que me condenaría y con quien jamás debería haberlo hecho.

Me convertí en la víctima y el verdugo. Y ante eso, mi frágil estabilidad tembló: la ansiedad emergió como una sombra desde la oscuridad donde la había enterrado, mi corazón siempre enfermo se retorció y en mi pecho se clavaron mil minúsculas dagas, mi respiración tropezó y se volvió inconstante, un frío seco se instaló dentro de mí y caí rendida al suelo.

Tiempo después sabría que eran simples síntomas de mi enfermedad, pero en ese momento, creí saber qué era un trato cumplido. Creí morir. En ese momento, entendí que cada pérdida y cada mentira y cada verdad que me negué. Que cada excusa y cada despedida, fueron errores demasiado grandes y por los que tenía que pagar.

Y aún ahora, estoy convencida que algo de mí murió. Algo irrecuperable. Que se cumplió el trato y la víctima pagó el precio. Y el verdugo, el asesino, sufrió el mismo destino, pero pagó dos veces:

Viviendo sin vivir, muriendo sin poder morir.

sábado, 13 de octubre de 2012

Hole

Nada parece lo que era.
Tan patéticamente perdida
tan maltrecha,
en el sinsentido de mi vida.

Por no buscar no busco
pasiones ni alegrías,
y en soledad reduzco
en ti mis esperanzas enfermizas.

Ni a la segunda ni a la tercera,
encuentro paz en mis esquinas.
Y felicidad queda en espera.
Siempre ella tan efímera.

No importa cuán negruzcos
sean ahora tus días,
Ni cuán abrupto,
el adiós que me decías.

Ahora sólo queda,
la venganza que perseguías,
la que amarás hasta que mueras,
la que me arrebata tu estima.

Y en este rincón oscuro,
a falta de otra salida,
enmiendo tu vida de perjurios,
a cambio de la mía.

-El sacrificio es claro como el agua que posee la luna. El precio, alto, cual torre de Babel. La ansiada recompensa se vuelve incierta para ti. Pero para mí, amor, ni el sacrificio ni el precio importan, si a cambio, puedo salvarte.

-Soy más poderoso que ellos. Puedo vencerlos.

-Oh, claro que puedes, mi vida. No albergo duda. Eres tú al que temo.

-¿Temes que arrebate las vidas de aquellos que amas? No pienso hacerlo.

-Sí que lo harás. Lo harás si no cumplo el trato. Cielo, cuando quieras darte cuenta, el único culpable que quedará vivo serás tú. Y no pienso verte morir.

-No te amo, lo sabes.

-Lo sé.

viernes, 12 de octubre de 2012

The wake of devastation

Querido Eika:

Lo siento. Muchísimo. Lamento hacerte esto, pero es necesario. Por desgracia, sí, esta es una carta de amor, pero del bueno. Y, por suerte, es la última.

Esta es la última carta que te escribo, debo despedirme de ti. Esto es un adiós. Mi último adiós.

Por un instante- qué estúpido de mi parte- creí que me había enamorado de una ilusión, que te idealizaba, que me aferraba a ti como un bote salvavidas. Pero no es así. No me he enamorado de nada de eso. No quiero las antiguas promesas de amor, ni las visitas nocturnas, ni ese 'no me dejes nunca'.

No, no amo todo eso, te amo a ti. La sonrisa pequeña, de lado, pero sincera, que rara vez ofreces, el sonido de tu carcajada seca, el brillo distante e inmutable de tus ojos, el andar despreocupado y seguro, el matiz opaco de tu cabello grueso y fuerte, el timbre de tu voz que reconocería a kilómetros de distancia, las maldita pecas, tu torso delgado y torneado, el tacto de tus manos rugosas, el color y forma de tus labios extrañamente carnosos, tus brazos cálidos, tu extraño olor, almizcle y amaderado, pasivo, húmedo. 

Y tu piel. Dios mío, ¡cuánto quisiera no tener que hablar de ella! Pero es imposible. Me es imposible no recordar la rareza de tu piel de algodón, de color canela y aceituna, mate, indudablemente hermosa. Tan tóxica, casi incandescente. Tibia.

Podrías llegar a pensar que es superficial. Pero esa superficie, esa apariencia tuya, es todo lo que me queda, lo que me mantiene cuerda. Es la que me recuerda que eres real, que sigues cerca.

Y por eso mismo, debo confesarte que te temo. Te temo más que a nada.

Hasta siempre, Eika. 

martes, 9 de octubre de 2012

Rafael

Un, dos, tres. Empieza la música.

Miro hacia el centro, buscando tu mirada aún oculta en la oscuridad. Hoy todo va a cambiar, hoy serás tú la puta y yo el furibundo amante. Hoy serás tú quien mueras. Sin pensar, me adentro hacia el escenario, sola, sabiendo que aparecerás de la nada.

Y lo haces a la par de los violines, me sujetas por la espalda con la mano izquierda y con la derecha empujas suavemente mi abdomen para que me deje caer. Qué rápido es siempre. Con el corazón en un puño, ayudándome de tus hombros, vuelvo a reincorporarme y te enfrento mientras entrelazas tu mano con la mía y  ciñes firmemente la otra en mi cintura. Te miro, te enfrento y no me dejo amedrentar. Y marchamos hacia atrás.

Me giras, me agarras, me tumbas y yo te empujo, te guío y te aprieto. Das cuerda y seguidamente la estiras, y yo, sabiéndome capaz, clavo mis tacones al suelo y dejo que la cuerda me queme las manos. Estás más enfadado que nunca, lo sé, tus ojos parecen dos vórtices incendiarios.

Tiras la cuerda, con desazón, y te acercas y me tomas, escondes tu rostro en mi cuello.

-Eres irremediablemente mía.

Yo clavo mis ojos al techo, mientras volvemos a girar y entrecruzamos las piernas al compás.

-No puedes pedirme eso. No puedo darte tanto. No puedes hacerme esto.

-Yo sé que es lo que te conviene.- Susurras y me muerdes.

Vuelves a separarte, me haces girar sobre mi misma y mi espalda pegada a tu pecho. Tranquilamente, este podría ser un tango cualquiera. Eso sí, desde fuera. El gesto que nos delata es esa manía tuya de atarme a ti, de amarrarme a tu cuerpo. Por eso tus manos no sujetan mis muñecas sino mis codos.

-Te lo prohíbo.- te advierto, mirándote de reojo.

Tú me sueltas de golpe, retándome, clavándome los ojos, moviéndote como una pantera, rodeándome. Casi no respiro, soy incapaz de ello. Señor, dame fuerzas, rezo.

Me acechas, me rodeas más rápido y más cerca, casi hasta chocar con mis labios, soltando tu aliento sobre éstos. Me tomas de la nuca y ahora sí que no hay marcha atrás. Junto con el final del tango, me besas.

Y entre el sondeo de tu lengua húmeda y ardiente, entre tus afilados dientes inhumanos, entre compases extintos, sin querer me doy por perdedora. Así de simple, sin conflictos internos, sin demostraciones de valor.

-Acepto las condiciones, mi ángel, porque tú sabes mejor cuál tiene que ser mi castigo. Lo único que te pido es… que no sea más duro de lo que pueda soportar. Lo único que te pido, es que no me duela más.- Mi voz se quiebra, pero las lágrimas no fluyen- Porque da igual a quién rece, a dios o a demonio. Tú eres ambos, tu eres soberano rey de mi eternidad. Haz con ella lo que te plazca.

Y entonces, sólo entonces, me dejas caer de bruces al suelo. Y sé que soy la puta porque llevo corpiño, y que, como tal, no debo moverme.

Sólo esperar. Esperar a que él deje a las otras. Esperar a que vuelva. Esperar a que suene otro tango.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Y el el jardín de mis delirios, jardines de delicias

Espérate, mujer,
no te vayas todavía.
Aún te quiero morder,
antes de que se acaben mis días.

No te me vayas, mujer,
que ya no eres tan joven,
la vida te quiere joder,
en manos de otros hombres.

¿Por qué tanto miedo?
Si no has salido de mi boca,
ni siquiera he dicho 'te quiero'
y aún te queda mucha ropa.

Ámame, señorita mejicana,
que aunque vea en tus ojos su nombre,
él no es el que está en tu cama
y no es dueño de esta noche.

Yo también quiero a otros,
uno por cada día entero,
así aunque tenga el corazón roto,
por el siguiente muero.

Pero hoy quiero encontrar
el jardín de las delicias,
devorarte hasta estallar
y soñar con que eres mía.

martes, 25 de septiembre de 2012

Elección

Lo recordaba, perfectamente, cada mísero detalle quedó marcado a fuego en mi mente de forma inconsciente. Esa conversación banal, riéndonos de la estúpida broma.

Quién nos iba a decir que fuera a ocurrir.

Y tú decías "Los mataré, ¡lo juro! Dame ocho años" Y yo amo el número ocho.

Y continuabas: "¿A quién salvarías?" Y consternada no sabía qué decir, no sabía qué arriesgaba. Suerte que aún estaba cuerda en ese entonces. Así que me guarde ese privilegio y tú no te negaste.

"Me salvaré a mí", pensé, "nadie me asegura que no vaya a matarme" Y, joder, en lo cierto estaba. Al instante me confesaste que no salvarías a nadie. Y pensé en ti. Te imaginé muriendo, cumpliendo firmemente tu palabra, por lo tanto, como era obvio, pensé en concederte mi privilegio porque dentro de ocho años yo estaría muy lejos. O eso creía.

Entonces me dije que era una estupidez, que era una posibilidad remota, que tú no lo harías. Y reí, aliviada, sin saber si por ti o por mí. Pero el nudo permanecía y yo creí que era la gripe.

Me olvidé, creo recordar, y pasaron los años e hice lo mismo contigo. Pero un buen día llamaste y no tuve duda alguna que eras tú cuando dijiste un seco "¿Quién?" ¿Qué te había pasado? ¿Dónde estaba el chico que conocí?

Casi quise llorar. Por las futuras víctimas, por tu mala fortuna. Por la mía.

Pero colgué y de repente estaba a tu lado y tú sostenías la llave de la destrucción. Y entonces supe que tendría que elegir.

Y dadas las circunstancias, o tú o yo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Now it kisses my face and eats my head

Es curiosa la ira. Tremenda sensación, qué poderosa. Es literalmente como el fuego: sólo hace falta una ínfima chispa y un buen acelerante y devorará todo lo que encuentre a su paso, porque la ira no sigue éticas ni morales. Arrasa, quema, destroza sin inmutarse, es su naturaleza. Es el escorpión que mata a la tortuga aun sabiendo que es su única salvación, y mientras se ahoga, confusa, se pregunta porqué no siente remordimientos.

Y, por extraño que parezca, es comprensible. El escorpión no siente felicidad ni satisfacción con su crimen, pero tampoco siente dolor. Así es la ira, es el "no sentimiento", arde tanto que anula todo lo demás y sólo queda una salida: seguir quemando.

Es tan real, tan palpable, que aterra cuando te muerde con su veneno. Te paraliza y luego te contamina. Y es tan dulce al principio, tan grande es su poder que te sientes invencible. Te embriaga, hace de tus músculos puro acero, acelera las pulsaciones, convierte en lava líquida tu sangre y vela tus ojos con sedas rojas.

Cubre el dolor, la decepción, las lágrimas, la cordura. Susurra con voz ronca promesas deliciosas a cambio de un insignificante favor: "Sigue destrozando hasta que el cuerpo aguante". Y no comes, no duermes, sólo respiras su intoxicante perfume, el cual hace que te sientas más vivo que nunca.

...Y ya no hay marcha atrás. Ahora ella lo es todo.

"¡Que arda...", piensas, "que arda Troya!"

Y Troya arderá.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Liebestraum

Hace mucho tiempo,
quizá ya demasiado,
existió el joven más bello
que el mundo ha presenciado.

Su piel cual marfil,
sus ojos, infinitos
del color del ambar gris.
Y como nombre, Narciso.

Tan hermoso era,
que era imposible yacer con él,
que tanto varón como hembra
no tenían nada que hacer.

Y era cierto, más que eso,
él mismo prohibía contacto alguno.
Alegando que sus besos,
no eran merecidos por ninguno.

Pero, aunque todos lo sabían,
hubo una ninfa maldita,
que sin oír que se decía
le amó más que a su vida.

Así que, en una salida nocturna
Eco fue a encontrarlo,
pero él, desoyendo sus súplicas,
le dedicó palabras de desagrado.

¡No, fue más que un simple agravio!
¡La dejó muerta en vida y destrozada!
Mordió su lengua y también sus labios,
y sangró tanto que falleció ahogada.

Murió tanto y entre tanto dolor
que su cuerpo se desvaneció
Y aunque de ella quedo su voz,
él nunca se percató.

Pero Némesis, diosa de la venganza,
sufrió con ella su desazón
y montando en cólera por tal desgracia,
blandió sobre Narciso una malcición:

"Tú, mortal incauto y malvado,
deberás pagar por lo que has hecho,
y sin poder ser salvado,
verás tu reflejo y morirás por ello."

Y, simplemente, así sucedió
descubrió su reflejo en una fuente,
se enamoró perdidamente y se arrojó
y como Eco, ahogado, encontró muerte.

Donde pereció nació una flor,
en memoria del joven que nunca amó 
mas que lo que el reflejo del agua mostró.


-¡Aléjate, ninfa, yo no te amo!

-¡Te amo, te amo!

domingo, 2 de septiembre de 2012

Ball de mosques

El temps s'escapa i el fred ho tapa tot.
Tapa la distancia, l'absència i el dolor.

Però el temps gira i canvia,
la tempesta d'ahir, avui del vent amiga.

Quan torna la primavera, la boira,
que cobria tota aquella muntanya d'angoixa
es desfà, queda lliure impecablement,
encara gelada però latent.

El sol, regnant entre cometes,
retorna els monstres i els desperta.

La neu que els adormia,
desapareix i es fa pluja,
els mulla i els revifa:
porta felicitat, però no m'ajuda.

Les muntanyes esdevenen verdes,
tan de bo tornéssiu a ser blaves!
Tan de bo el temps tornés enrrere
i s'endugués aquest amor que em mata.

sábado, 25 de agosto de 2012

Mira't, mira'm, mira'ns

Necessari: http://www.youtube.com/watch?v=4rTcwQT9kyQ

«Hòstia, això és absurd.»

Jo estic allà, sentada en mig de classe, mirant-vos. Sou ridículs, amb perdó.

Et miro, asseguda al meu costat, somrient com una ximpleta; mossegant la punta del llapis que no has arribat a utilitzar mai en aquesta matèria, i sobre tot, mirant aquell noi de davant. Et rius per totes i cada una de les tonteries que fa. Tornes a sospirar i et poses vermella ara que et mira. Desvies la mirada.

«Collons, no acabarem mai.»

T'acaba de fer una gracieta i el professor us ha renyat. Com si això fos el millor que pogués fer. «Genial, -penso mentre el miro malament- ets imbècil.»

I, com he suposat, comencen les mirades còmplices, les rialletes per sota el nas. Ell et mira a cua d'ull, et pica l'ullet i tu no saps on amagar-te de la vergonya. Somrius tímidament.

Deu meu, ets preciosa i no puc deixar d'observar-te.

-Què passa?- em mires desconcertada, encara nerviosa per culpa seva.

Ell ens mira els llavis, puc sentir-l'ho intentant desxifrar què diem. Em ric per dins, sentint-me dolenta.

-Ets preciosa, ho saps? -et xiuxiuejo a cau d'orella- I ell un imbècil per no vindre fins aquí i dir-t'ho. Les miradetes em cansen, ja ho saps.

Tu et poses encara més histèrica i casi tires el llapis. Jo ric, encantada de sentir-te murmurar un "calla't" tan vergonyós. Ell torna a cridar la teva atenció, no sé molt bé com, tampoc m'interessa. Segueixo clavant els ulls als teus.

Em despisto un moment, fixant-me amb melancolia en el sostre pàl·lid, en la molesta llum dels fosforescents que il·luminen el vostre idil·li d'amor. Somric, no es pot dir que estigui trista i al baixar els ulls em trobo amb uns que em miren fixament. Es un noi que no conec i que senyala frenèticament amb el cap al tros d'imbècil i a tu i somriu de costat, divertit.

I no sé com collons s'ho fot, però acabo responent-li negant amb el cap, fingint resignació. I ell ho veu i em mira com si sabés algun detall que a mi s'em escapava.

Però, de fet, no m'importa. Ja el descobriré, pot ser me l'ensenyarà ell. Ja ho veure'm.

No hi ha pressa, això m'agrada. Ell es torna a girar cap endavant, però abans de fer-ho m'ensenya el palmell de la mà on hi és escrit el seu nom.

Sona el timbre i torno la mirada cap a tu, que encara estàs mirant embadalida com recull les coses. I en aquell segon em prometo que no em passarà el mateix, així que m'aixeco i m'acosto a la taula d'aquell noi d'ulls verds.

S'em queda mirant i em torna a fer l'efecte que sap més del que demostra, espanto aquests pensaments i em llanço.

- Hola, jo em dic Cèlia.


Va, assumim-ho, els dies bons gairebé som invencibles!

viernes, 17 de agosto de 2012

If I don't make it back

A veces, la muerte pasa tan cerca que no puede evitar pensar que ella también se irá. Aunque no pueda tragar muy bien su mortalidad, sabe que, más temprano que tarde, sucumbirá.

No se ha atrevido nunca a contar a sus amigos sobre su salud. No le gusta, no quiere ver sus reacciones. No  discute los últimos pronósticos, pero no quiere creerlos.

Sabe perfectamente qué le pasa, lo sabe desde los doce años, cuando empezaron los desmayos y la palidez en su piel. Hace ya años que no puede disfrutar del verano, de su deporte favorito: no debe cansarse.

Ha empezado a parecerle graciosa su enfermedad, es casi irónico que un desamor pueda literalmente matarla. Así que empieza a evitar implicarse demasiado con los demás, porque es lo que le han recomendado. Recuerda las palabras cargadas de cinismo de su médico:

"Podrían matarte, ¿Sabes? Aquellos que tanto amas podrían acabar contigo. Tú más que ellos, debes evitar las decepciones. Y eso implica, ciertamente, evitar en parte las ilusiones. Ellas también son peligrosas. No debes dejar que nada te altere. Jamás."

"No podré disfrutar del amor, de una verdadera amistad. No podré afrontar los problemas. ¿Es eso lo que me está diciendo?"

"...Supongo que sí."

Más de una vez ha llorado por ello, con rabia y se ha prometido a si misma no hacer caso. Pero entonces su madre la frena, su sufrimiento hace que sus pies toquen de nuevo el suelo. Se preocupa. Nunca llora delante de ella, siempre se muestra fuerte y confiada, por eso es su persona favorita.Y eso hace que le duela aún más estar enferma.

Su propia fragilidad la derrumba. Siente como si su existencia fuera un puro trámite, cuando mira el calendario sólo quiere que los días pasen rápido. Pero no lo hacen y pasa las horas tumbada en su cama como un simple cuerpo inerte...¿Cómo decía esa frase...?

"Como un simple cuerpo inerte, que sólo respira, pero no siente."


martes, 14 de agosto de 2012

What is dead may never die

No diré que no me duele, porque sería mentira. Pero ¿qué más da una mentira más? Ya me tienes acostrumbrada a ellas.

Vuestro fin se acerca
aquí viene, como una sombra.
Pudriendo los cimientos
de vuestros burdos castillos.

Usted, simple bastardo
con un padre de alta cuna
y como madre una simple ramera.
Niño con sangre sucia.

Apaleado y maltratado,
forjasteis vuestro corazón en tiñas.
Y sólo conseguisteis satisfaceros
escupiendo sobre otros rostros.

Vos, estúpida serpiente insensata,
lasciva e impaciente como pocas.
Dueña de pútridos abismos.
Maldito reptil cobarde.

Sí, coraje y honor es lo que os falta,
mas no astucia y ambición.
Engatusasteis a quien debíais.
Pero cometisteis un triste error:

Pensasteis que yo era vuestra,
que atada a una cuerda me teníais.
Pobre intento de hombre,
¡qué poco os faltó!

miércoles, 8 de agosto de 2012

Homeless

Es estúpido que te eche de menos. No, en serio, lo es.

Es como cuando vas a por comida, aun sabiendo que la nevera está vacía. O cuando quieres irte a casa, aunque la fiesta aun no ha acabado y no puedes largarte.

Es añorar por añorar. Por el simple gusto, sin plantearte la posibilidad de controlarse a uno mismo.

Y por eso es estúpido: porque es irracional. Y es jodidamente tentador tumbarte en la cama observando la oscuridad de la habitación y perderte en alguna ensoñación.

Donde apoyo mi frente sobre la tuya, me dejo maravillar tanto tiempo como quiero por tus ojos y puedo verte dormir en mi pecho y por fin encontramos paz.

Pero la canción acaba y ese pequeño paraíso junto a ella. Y vuelves a verte encerrada en esa misma habitación, en esa misma oscuridad.

En esos segundos, los justos en que vuelves a la realidad antes de buscar otra dosis, casi no te da tiempo a pensar en la tremenda gilipollez que estás haciendo.

Hasta que llega la sobredosis y no hay vuelta atrás. Llega el vacío, cuando la ensoñación, antes perfecta, pierde sentido. Cuando la realidad por fin muerde frenéticamente tu consciencia y tu edén marchita y muere.

Es en ese momento, en este, cuando inexplicablemente, vuelcas todo tu ser en un papel. Y aunque es poco lo que te queda, das incondicionalmente, como un viejo amante.

Lo realmente gracioso, es que siempre viene alguien y te dice que nunca podrás perder algo que jamás fue tuyo. Pero eso te la suda, porque lo sentiste como tuyo, como sientes ahora su pérdida.

Entonces llega la noche y te pierdes tú también, y eso está bien, porque a veces perderte es la mejor manera de encontrar aquello que buscas. Sí, sobretodo cuando sabes que lo que deseas encontrar no vendrá a buscarte por mucho que esperes sentada como el niño que pierde a su madre en las compras de navidad y, paciente, aguarda su llegada. Porque sabe que volverá.

No, en este caso has de buscarlo tú misma. Y debes ser valiente, y salir de la jaula. Aunque sea cómoda.

Me preguntaste una vez, porqué no temía a la muerte. Es fácil, te dije, la muerte es segura: todos tenemos un fin. Tarde o temprano, siempre nos acoge, es eso que llamamos inexorable. En cambio, la vida es dura, complicada e imprevisible. Por eso no le temo a la muerte, le temo a la vida, temo desperdiciarla. 

Y ahora que te has ido tan lejos, sólo puedo añorarte y rezar. Rezar por tu felicidad y por la mía.